domingo, 5 de agosto de 2012

IV. EDUCACIÓN SUPERIOR 04

4. ESTUDIOS DE POSTGRADO  EN EL PAÍS


 "Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre
los demás; es la única manera"  Albert Einstein.  


Los resultados del II Censo Nacional Universitario 2010 nos ofrece información muy importante para quienes hacemos labor académica. Por ejemplo según el Cuadro Nº 3.6 del total de alumnos, por estudios de postgrado, según el área de conocimiento, tomado de la página 116, podemos encontrar respuestas incoherentes sobre los principales actores de la sostenibilidad económica del país:

De 44,577 alumnos de maestría, las  tres cuartas partes eligen estudios humanistas en Educación; Ciencias económicas, empresariales y afines; Derecho y Ciencias Políticas; y Ciencias Sociales y Humanidades; que es lo que más abundan en la sociedad peruana. Predominando las clases de fin de semana. Si bien es cierto que se accede a mayores niveles de estudios, pero ¿Qué hay de la calidad? ¿Qué espera la sociedad de estos maestros de humanidades?

En contraposición, con apenas un 15 %, tenemos las Ciencias Básicas; Ciencias Biológicas y Ambientales; Ciencias de la Salud y Psicología; Ciencia Agropecuaria, Veterinaria y afines; y Arquitectura. Solamente un 10 % apuesta por la Ingeniería y tecnologías; es decir, que en el país, los profesionales buscan sus intereses personales y oportunidades sin ver los intereses de la nación.

Los estudios de postgrado no guardan relación con las potencialidades que tenemos en la minería, pesca, agricultura, forestales y turismo; que todo peruano conoce. ¿Cómo generar industria y darle valor agregado a nuestras materias primas? ¿Acaso los estudios de postgrado de los docentes, abogados, periodistas, psicólogos, sociólogos, historiadores, antropólogos, etc. servirán para crear industrias que nos permitan abastecer al mercado mundial? ¿Quiénes asumirán el reto de la industria petroquímica? ¿Quiénes asumirán el reto de las TIC’s en esta era del conocimiento?

Veamos el caso de los 4,047 estudiantes del doctorado, nivel máximo de la formación académica del país: El 40 % lo hace en Ingeniería y tecnologías; El 60 % en Humanidades: el 30 % lo hace en Ciencias económicas, empresariales y afines; el 20 % lo hace en Educación; y el 10 % restante lo hace en arquitectura. En este nivel podemos apreciar la corrección de intereses y el compromiso de los académicos por construir una sociedad mejor a partir de sus aportes vía la investigación. ¿Pero cuánto aportan las universidades nacionales y cuánto las particulares? En este nivel también predominan las clases de fin de semana. Siendo lo más visible la escasa producción intelectual de los nuevos doctores.

Siguiendo las lecciones de Michael Porter, que destaca nuestros recursos naturales: minería, pesca, forestales y tierras fértiles; en un país en donde el sistema educativo produce pocos graduados en áreas técnicas y de ingeniería. Tenemos que apostar por las especializaciones de postgrado que permitan aprovechar nuestras potencialidades, es decir, apostar por las ingenierías de acuerdo a la realidad de cada región del país. Por ejemplo en el caso nuestro, la región Huánuco ¿Cuáles son nuestras potencialidades? ¿Qué estudios de postgrado se deben ofertar?

Tenemos sierra y selva, tenemos potencialidades agrícolas, ganaderas, mineras, forestales, turísticas, petroleras… que requieren del trillado “valor agregado” que con facilidad nos hablan los políticos… ¿Quiénes son los llamados a reorientar el desarrollo de la región Huánuco? En primera instancia las universidades nacionales, que equivocadamente apuestan por maestrías y doctorados humanistas, ¡esa no es responsabilidad prioritaria del Estado! Los recursos del Estado deben orientarse a la formación de profesionales vinculados a la ingenierías: agronomía y zootecnia de sierra y selva, industrial, química, genética, biológica, alimentaria, minera, petroquímica, pesquera, eléctrica, civil, electrónica, sistemas, etc.

Estos profesionales recurrirán a las universidades para acceder a los estudios de postgrado, necesarios para contribuir al desarrollo regional y nacional. Por su formación en el campo de la ingeniería, incursionarán en la formación de empresas industriales y agroindustriales a partir de nuestros recursos naturales con una visión competitiva y exportadora. Suena fácil y hasta demagógico… pero ése es el camino que debemos seguir en los próximos años a partir de mayor inversión en el sector educación.

Lamentablemente, yo también me encuentro dentro de los profesionales humanistas, porque en mi juventud no tuve la oportunidad de contar con profesores orientadores, comprometidos con su labor docente. A pesar de haber estudiado en la Gran Unidad Escolar Luis Fabio Xammar de Huacho (primera institución educativa de la provincia de Huaura), no teníamos acceso a la orientación vocacional,  nunca, un psicólogo ingresó a nuestras aulas. Cuando concluí mis estudios del nivel secundaria, no sabía que tenía que seguir estudiando. Como todo adolescente, también dije: ya terminé de estudiar y ahora tengo que trabajar.

No sabía qué estudiar en la universidad, entonces decidí estudiar lo que mi hermano mayor estudiaba: una carrera humanista. Durante mis largos años de estudiante universitario, aposté por varias carreras afines, hace cuatro años entendí que me había equivocado. ¿Acaso no se aprende de las experiencias ajenas? ¡Claro que sí!, aquí está el verdadero y auténtico interés de ingresar a las aulas universitarias, para motivar y orientar el desarrollo humano de los estudiantes, para formar una nueva generación de profesionales emprendedores, a partir de algo que no tuve en el colegio ni en el pre grado, un modelo viviente que difunde conocimientos de lo que le interesa al país.

El cambio radical en mis pensamientos empresariales de “obtener el máximo beneficio al más bajo costo” (por mi formación de contador y administrador) empezó a humanizarse y aunque no tuve modelo de docentes que enseñen con el ejemplo,  en la Maestría de Educación, sucedió algo interesante, conocí a un extraordinario docente, el doctor Pedro Barrientos Gutiérrez (docente de la Escuela de Postgrado de la UDH), dedicado a la vida académica y un ejemplo a seguir por las publicaciones anuales que hace y por su condición de investigador y conferencista de gran prestigio.

La necesidad de profesionales comprometidos con el desarrollo nacional también tiene otra arista: nuestra ubicación estratégica con respecto al corredor amazónico IIRSA Centro. Nuestro país comparte una frontera con Brasil, el mayor mercado de Sudamérica. Tiene acceso al océano Pacífico y al Atlántico, a través del río Amazonas y el Ucayali. Entonces, considero fundamental el rol de las escuelas de postgrado de todo el país, para reorientar la formación del capital humano que se requiere para enfrentar los nuevos retos de la globalización y la economía mundial.

Finalmente, lo que me parece irónico, es que los costos de las pensiones en las escuelas de postgrado de las universidades nacionales, son más altas que las particulares, frenando todo deseo de superación de nuestros jóvenes profesionales de provincias que apuestan por estudios de postgrado vinculados a las ingenierías y tecnologías.
Las universidades nacionales, que representan al Estado, juegan un rol fundamental en la reorientación del desarrollo sostenible del país.

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