6. DOCENTES UNIVERSITARIOS EN EL PERÚ
"Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno;
ni es bueno el maestro" Proverbio Chino.
La Universidad Nacional Agraria de la Selva (UNAS), a través de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, tuvo la excelente decisión de traer nuevamente al PhD Joaquín Lombira Echevarría, excelente conferencista cubano de trayectoria internacional, para dictar el Curso-Taller Didáctica Universitaria, con doble objetivo: por una parte mejorar los planes de estudio, las sumillas y los sílabos de los cursos de las carreras profesionales de Economía, Contabilidad y Administración; y por otra, el mejoramiento de las sesiones de aprendizaje a partir del plan de clases y/o guía de prácticas.
Me enteré una semana antes del curso-taller y con el antecedente del éxito de este conferencista internacional, en el primer curso-taller realizado el año pasado, que trató sobre las TIC en la Educación Superior, decidí inscribirme para adquirir nuevos conocimientos en educación superior. Asistieron docentes de Tingo María y Huánuco.
Como el curso también consideraba el taller, se hizo necesario utilizar sílabos vigentes para comprender que los planes curriculares de la formación profesional, eran fruto de fundamentos teóricos y metodológicos que se aplican para la elaboración del perfil profesional, el plan de estudios y la sumilla. No era la incorporación y descarte de cursos según el parecer de docentes antiguos o de la iniciativa de docentes jóvenes e innovadores, que carecen de conocimientos sobre el currículo y la didáctica superior. Entendiendo esta situación porque en el país no existe una carrera profesional de Educación Superior.
En cuanto a la coherencia de los planes de clase y/o guía de prácticas con los contenidos del sílabo y de la sumilla, captaba que nos encontrábamos muy lejos de la responsabilidad de formar profesionales que respondan a un perfil profesional fruto de un trabajo especializado. Se evidenciaba una completa incoherencia de nuestra práctica docente, un desconocimiento o confusión de una conferencia, de un seminario, de una práctica, de un taller, de objetivos, de competencias, entre otras deficiencias.
Los docentes del nivel superior somos de diversas disciplinas profesionales y todos, al ingresar a la docencia universitaria, carecemos de conocimientos sobre didáctica superior, e inclusive los verdaderos, pero falsos Doctores en Educación, me refiero a aquellos profesionales que no tienen la formación del pregrado en Educación, menos han hecho una maestría en Educación, pero con cuatro ciclos en ciencias de la educación, se convierten en Doctores en Educación. Este caso insólito sólo sucede en el Perú y la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) lo permite. Lo cierto es que según el II Censo Universitario el 43 % de docentes a nivel nacional sólo tienen el pregrado, el 53 % tienen maestría y el 4 % son doctores.
Como el año anterior y en el presente año nos hemos sentido emocionados de aprender de las experiencias de un conferencista internacional, y que lamentablemente se diluirá en poco menos de una semana, me parecía injusto que el PhD Joaquín Lombira, concluya con su conferencia sobre la didáctica superior, sin tocar el factor humano, factor fundamental de la dinámica educativa, pero que el docente universitario de Tingo María, Huánuco o de cualquier universidad del país no comprende cuál es su responsabilidad en la formación de profesionales que se insertan en la sociedad para contribuir con el desarrollo del país. Por lo que solicité que a manera de cierre del evento nos diera algunas precisiones sobre el perfil del docente universitario.
¿Por qué? Como padre de familia, como docente de educación, básica y superior, entiendo que los males de la sociedad peruana están en la falta de compromiso y vocación de los docentes. De manera objetiva podemos ver docentes nombrados, con responsabilidad legal y moral de contribuir al mejoramiento de la calidad educativa, los vemos participando en política, actividad empresarial y/o profesional, abandonando a sus alumnos para acceder a cargos de gerentes, regidores, consejeros, presidentes regionales, congresistas, hasta candidatos a la república. Es evidente la búsqueda de otras posibilidades económicas de los docentes universitarios, por el interés personal, egoísta e indiferente con la educación superior. Aparte de los que denigran nuestra profesión, verticalistas, acosadores, negociantes de notas,…
Nuestro excelente conferencista, tuvo el tacto de no incomodar al auditorio y de manera general felicitó el esfuerzo que se estaba realizando en nuestra primera casa superior de Estudios, la número UNO en el CRI Oriente y DÉCIMO a nivel nacional, según el Ranking Universitario del 2007. Lo que pedía es que nos presente experiencias de docentes universitarios de otros países y contrastar a partir de nuestras individualidades, algún modelo extranjero con nuestras actitudes y compromiso con la formación profesional de nuestros estudiantes.
Por lo que considero pertinente compartir de manera resumida la experiencia finlandesa, en donde la máxima aspiración de una familia en ese país, es lograr que su hijo sea profesor en educación básica. Para lograrlo debe tener un promedio mínimo de 18 desde la educación básica, bachillerato y la universidad. En caso de tener menos de 18 ya no puede ser docente de educación básica. Para ejercer la profesión se le exige alguna especialización, publicación de investigaciones y libros… es decir un verdadero académico dedicado única y exclusivamente a su actividad docente. Por su alto nivel de preparación percibe un sueldo decoroso, que se aproxima a los tres mil dólares.
Buscando acercarnos al ideal del docente auténtico, el docente venezolano Enrique Neira Fernández, nos ilustra con el Perfil del buen docente universitario y que se enumera de manera tentativa.
• Estima de su condición de educador
Lo primero que se desea es que el docente aprecie su propia condición como una importante función social y asuma su ejercicio no por necesidad o porque no se puede hacer otra cosa, sino por vocación. Asumir como misión, ingrata y dura con frecuencia, pero que también tiene sus satisfacciones y realizaciones plenificantes. Estas no suelen ser inmediatas, sino que maduran con el correr de los años y se cosechan al ver que los esfuerzos realizados cuajan en nuevas generaciones de hombres y mujeres bien formados, líderes benéficos de la sociedad.
• Sincero aprecio por la juventud de hoy y por el alumno concreto
Sólo sobre esta base se puede trabajar en la educación superior de la juventud. De este aprecio nace fácilmente el contacto directo y personal con los alumnos universitarios. El diálogo profesor-alumno alimenta el mutuo aprecio y respeto.
• Excelencia académica y competencia profesional
Es la aplicación del antiguo adagio latino: "Ninguno puede dar lo que no tiene". Si se quiere trasmitir la ciencia, la cultura amplia, la especialización, uno como docente tiene que estar imbuido de ellas. El atractivo del prestigio personal permite influir positivamente sobre las personas de los universitarios y servir de modelo de identificación para los futuros profesionales. Esto implica en el docente el universo de su sólida formación profesional y abarca el amplio abanico de sus competencias culturales y psicológicas.
• Educación permanente
El docente debe actualizarse constantemente respecto de sus actitudes personales, de los contenidos de las materias que imparte y de los métodos pedagógicos que utiliza. Nuestra misión requiere una continua prontitud para renovarnos y adaptarnos. Y más cuando el cambio es tan rápido.
• Capacidad para comunicar el saber y los saberes
No bastan los conocimientos ni el ser eminente en su profesión, o en las ciencias, o en las técnicas de su especialización. "El mundo no necesita buenas ideas, sino gente capaz de expresarlas" (James Keller). Todos podemos citar nombres de técnicos muy diestros, de excelentes profesionales, investigadores notables, verdaderos "pozos de ciencia", pero lamentablemente incapaces de hacerse entender por un grupo de universitarios, o de influir en la formación de su personalidad. Mucha ciencia, pero carencia para comunicarla. Tenemos que aprender a comunicar la ciencia y la técnica, si queremos ser docentes universitarios. Un buen profesor, moderno y actualizado, tiene que acumular aportes invaluables de la psicología y de las ciencias pedagógicas.
Concluyo con una expresión de alto compromiso con la educación, la sociedad y el país: Los docentes de educación básica y superior debemos practicar “la pedagogía del ejemplo”, es decir, ser modelo permanente de nuestros alumnos a partir del compromiso con nuestra privilegiada misión de formar profesionales con calidad científica y humana, porque está en nuestras manos la construcción de una sociedad mejor.
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