2. CONFLICTO: SOCIEDAD DE CONSUMO Y FIESTA DE SAN JUAN EN LA PROVINCIA DE LEONCIO PRADO
"Influir sobre una persona es transmitirle
nuestra propia alma" Oscar Wilde.
Luego de concluir mis estudios en la Universidad José Faustino Sánchez Carrión de Huacho, con mis 23 años y con deseos de buscar mejores oportunidades a partir de mi formación profesional, me enteré por mis paisanos que habían vuelto de la selva, que en Tingo María y Aucayacu habían oportunidades de trabajo para jóvenes profesionales. La evidencia para creerles que verdaderamente había trabajo es que llegaban a Huacho con “bastante dinero”, fruto de sus trabajos lícitos en la construcción de casas de material noble de personas que tenían “mucha plata”. Me dijeron: Allá en Aucayacu hay gente que tiene bastante dinero y hay trabajo en la municipalidad, Bancoop, Banco Agrario, y en prósperas empresas comerciales que están aperturándose.
¿Cómo no sentirme tentado de viajar a la selva en busca de mejores oportunidades? Tenía todo lo necesario: juventud, deseos de superación, trabajar para tener dinero, mejorar mi condición de vida y de mi familia. En los primeros días de enero de 1981 viajo a Lima y del Parque Cánepa parto en un ómnibus de la empresa Arellano hacia Aucayacu en busca de mi destino, en busca de mejores oportunidades. A veces pienso, si en vez de ir directo a Aucayacu, me hubiera bajado en Tingo María, tal vez, hubiera aprovechado mejor mi estadía en Aucayacu durante 20 años. Tal vez, otra sería mi historia. Lo cierto es que me instalé en Aucayacu y pude gozar de la hospitalidad de mucha gente selvática de origen sanmartinense, también encontré paisanos de Huacho, Barranca, Chimbote y Chiclayo.
Cuando llegué a Aucayacu, la naturaleza me recibió con una fuerte lluvia acompañada de truenos y relámpagos. Me asusté por la abundante lluvia que se hacía más fuerte por los sonidos que causaba en las calaminas de las casas. Nunca en mi vida vi llover de esa manera. En mi tierra una garúa es titular de los diarios como una lluvia, acá en la selva en minutos cae una torrencial lluvia y al rato reaparece el esplendor del sol. Estos fenómenos atmosféricos me sorprendieron, pero al ver a las demás personas, me di cuenta que era algo normal y que debía entender que me incorporaba a un nuevo mundo, a una cultura diferente a la mía.
Luego de conseguir empleo en la Municipalidad Distrital de José Crespo y Castillo y empezar mi nueva vida, me enfrenté al primer tacacho que vendían en la esquina de Jirón Huánuco, como tenía escaso dinero y pensando ahorrar, intenté comer un plato de tacacho, inicialmente fue una experiencia desagradable, todavía me resistía a cambiar mis hábitos alimenticios propios de la costa. Con el transcurrir de los meses aprendí a comer los juanes, patarashca de pescado, inchicapi, frijol de palo, pescado de río, chilcano de carachama, la guaba, zapote, poma rosa, pandisho, masato, cocona, aguajina, chapo, en fin, me acostumbré a la comida selvática.
Llegó el primer San Juan de mi vida, fue una experiencia increíble, los juanes que consumía antes de la fiesta eran agradables, pero imagínense los verdaderos juanes que se preparaban para la Fiesta de San Juan. Tuve la suerte de encontrarme con un colega de mi promoción que vivía en Aucayacu, recuerdo que le decíamos “maldita boa” pero jamás pensé que lo iba a encontrar en Aucayacu (su tierra). Él me obsequió dos juanes gigantes, en relación a los juanes que vendían en los kioscos.
El día 24 en la mañana la gente salía de sus casas, todas las familias salían al campo llevando bolsas de juanes, gaseosas, pelota, radiograbadora y una caja de cerveza. Las familias se iban a los caseríos en busca de playas en las quebradas y riachuelos. Los vecinos de la casa donde vivía nos invitaron a ir con ellos. En ese entonces, pude apreciar cómo se celebraba la verdadera FIESTA REGIONAL DE LA SELVA: “SAN JUAN”.
Las mujeres jugaban vóley, los varones jugaban fulbito, también era válido los equipos mixtos, los niños se bañaban en el riachuelo, cuando el calor se incrementaba nos bañábamos y tomábamos las gaseosas. Por fin, alrededor de las doce del mediodía, se repartían los ricos juanes de gallina de chacra, luego se asentaba con la cerveza y el que no deseaba, tomaba gaseosa, y con unos cuantos vasos más ya nos encontrábamos bailando alegremente, al ritmo de una música (cassettes) de Juaneco, Los Caramelos (de Aucayacu), Los Mirlos, Sonido 2000… grupos selváticos que alegraban el ambiente festivo de San Juan.
Alrededor de las cuatro y cinco de la tarde todas las familias y amistades regresaban a la ciudad, cansadas por el deporte, la música, los juanes, la gaseosa y la cerveza. Si bien es cierto que se consumía cerveza, se hacía con moderación y cada familia llevaba en promedio una caja de cerveza. No vi personas en estado deplorable por el consumo excesivo de cerveza en ese primer año. Al regresar a la ciudad, cada uno se retiraba a su casa a descansar, porque al día siguiente teníamos que trabajar. Las fiestas que ya intentaban realizar los promotores de espectáculos en el segundo piso del Palacio Municipal no se llenaban a pesar de ser entrada libre. Acudían los niños y adolescentes a ver a los conjuntos foráneos que tocaban, pero no se podían comparar con nuestro grupo Los Caramelos, del popular “Cintura” y su primer guitarrista “Inoco”.
Para la segunda Fiesta de San Juan conocí un hermoso lugar con una poza natural y una roca sobresaliente para poder lanzarse, una especie de trampolín, este hermoso lugar está ubicado en el sector 27 de Mayo, era mi lugar preferido -me traía el recuerdo de mi niñez y adolescencia, como buen costeño siempre he sido buen nadador en el mar de Huacho, en donde desde la orilla del mar nadábamos hasta los barcos que se encontraban a mil metros de distancia aproximadamente, para que los “gringos” nos regalen gaseosas, chicles y galletas; después de un buen descanso de media hora nos enviaban al puerto con una lancha a motor-. Al momento de decidir a donde iríamos a pasar la Fiesta de San Juan, mi familia decidió ir al 27 de Mayo. Fue mi segunda Fiesta de San Juan, excelente, tranquila, en contacto con la naturaleza, compartir los juanes, tomar las gaseosas y por supuesto unas cervecitas con los amigos circunstanciales. Un detalle interesante es que todos nos conocíamos de alguna manera, porque Aucayacu era un pueblo chico y nos conocíamos aunque sea de vista.
El tercer San Juan, recuerdo, que el alcalde de la municipalidad mandó a lavar el volquete basurero para convertirlo en movilidad e irnos a pasar la Fiesta de San Juan al Caserío de Cotomonillo. La gente se sonreía vernos en el volquete basurero. Íbamos: el alcalde, los regidores, los trabajadores y toda nuestra familia. Todos llevaban los juanes, las cervezas, las gaseosas, las pelotas de fútbol y vóley, los paraguas… Fue un hermoso año en donde el alcalde había logrado unir al capital humano de la municipalidad. Recuerdo a Enrique Bruckmann, Fernández, Panduro, Soto, Guevara, Sirlopú, López, Fonseca, Vargas, Bocanegra, Torres, Aguilar, entre otros colegas de trabajo. Nos instalamos en una playa cerca al Puente Perro, entrada a Cotomonillo. También fue maravilloso para toda mi familia. Compartimos y departimos los juanes, las conversaciones, los chistes y ocurrencias de los amigos.
El último San Juan verdadero lo pasamos exclusivamente en el 27 de Mayo, nuestro lugar preferido. Lo curioso es que la fiesta lo pasamos solos, no había absolutamente ninguna otra persona, ni familias que acamparan para pasar la tradicional fiesta de la amazonía. Me pareció extraño, pero al fin de cuentas, teníamos la poza para nosotros, mis hijos y mi esposa estaban más cómodos y más tranquilos para bañarse bajo mi atenta mirada, eran niños de dos, cuatro y seis años. Alrededor de las cuatro de la tarde regresamos a la casa y desde allí pude escuchar el sonido lejano de la música de un conjunto musical, al preguntar, me dijeron que la gente se había ido a la Colpa, un lugar ganado al río Huallaga en donde los promotores de Espectáculos y autoridades de la Municipalidad habían organizado para que todos se reúnan en un solo lugar y se pueda hacer una gran fiesta para vender cerveza, en primer lugar más caro que en los bares y además había que pagar entrada.
Allí empieza la distorsión de la Fiesta de San Juan y el conflicto de intereses entre la sociedad de consumo y nuestra tranquila, festiva, alegre y sana Fiesta de San Juan con los siguientes resultados: borrachos, por el excesivo consumo de cerveza, afectar la economía de las familias, dejar en segundo plano el trabajo, la educación, descuido de la familia, desintegración familiar, porque los varones se volvían “mozanderos” y por ser enamoradores, derrochaban su dinero. Las mujeres no se quedaban atrás, también habían “shicshis” que se divertían de lo lindo en esta fiesta regional. ¡Qué buen negocio para los organizadores de la degeneración de la sociedad! La fuerte presencia de la comercialización de cerveza se extendió desde Tingo María a toda la provincia y a toda la región amazónica.
Cuando me traslado a Tingo María, pensé que la distorsión de los valores solamente era en Aucayacu, porque en la capital de la provincia hay profesionales, gente culta y académica que puede influir y corregir la distorsión de la fiesta regional de la amazonía, pero buscando información, me entero que el asunto es más grave aún: La Playa Tingo: La venta de más de cuatro mil cajas de cerveza (sólo en la Playa Tingo), pagar entrada obligatoria desde las siete de la mañana, pagar altos precios por la gaseosa, la cerveza, parqueo, baño público… Qué buen negocio de pocos en perjuicio de muchos. Ahora, veo con 99 % de resignación -el 1 % es duro y sólido como un diamante- esta deplorable Fiesta Regional de la Amazonía, porque tendremos como animadores de la fiesta a Timoteo, cantantes vernaculares de la música andina, grupos musicales de la costa… ¿Qué apreciará el turista que quiere conocer las costumbres festivas de la selva? ¡A esos artistas lo ven con frecuencia, todos los fines de semana en los conos de Lima! ¿Para ver espectáculos capitalinos tienen que venir a la selva?
Hace días nos hemos escandalizado porque nuestros adolescentes liban licor, en su propio colegio; después de San Juan, no nos escandalizaremos de la degeneración humana (de adolescentes y adultos) propiciada por nuestras autoridades. Señores: ¡Así no se fomenta el turismo! Peor aún, intentando cobrar cinco nuevos soles la entrada, el precio más caro de todas las celebraciones de San Juan en la Playa Tingo. Con “Panchito” entrada libre, con Ramiro, tres nuevos soles; con Picón, (mejores espectáculos) tres nuevos soles y con Pascual (peor espectáculo): CINCO NUEVOS SOLES. En fin, usted decide cómo pasar la Fiesta de San Juan 2011.
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