domingo, 5 de agosto de 2012

V. DESARROLLO SOCIAL 04



4. MERITOCRACIA EN LA POLÍTICA
PRIORIZANDO LA EDUCACIÓN PERUANA

“La educación es una herramienta liberadora
de las clases oprimidas de una nación" RFGH.

Con la seguridad, que la educación es un derecho humano y es responsabilidad del Estado para que llegue con calidad a todas las comunidades del país, pero entendida como calidad de sus docentes, calidad de los materiales educativos y por extensión con calidad en la formación humana, que vergonzosamente, según los resultados PISA 2009, tenemos que reconocer que existe irresponsabilidad de nuestra clase gobernante para cumplir con la Constitución y acuerdos internacionales.

La sociedad peruana está inmersa en la construcción de una nueva sociedad, moderna, educada, culta, solidaria y pacifista que exige el siglo XXI. Sin embargo, nuestras leyes todavía responden a épocas pasadas y caducas del siglo XX. En esta ocasión me referiré a los requisitos mínimos que deben contar quienes pretendan dedicarse a la política local, regional o nacional.

Si bien es cierto que en generaciones pasadas no era fácil acceder a la educación básica, hoy los tiempos han cambiado. Por ejemplo, mi abuelo era analfabeto en su mundo andino inhóspito de las punas de Conococha, a pesar de ello era comerciante de ganado, como todo “recuayino tiralazo”.

En la generación de mi padre, ya era posible acceder a la educación primaria. Un detalle interesante era la discriminación económica de aquellos tiempos en donde sólo los hacendados y clases acomodadas podían enviar a sus hijos a estudiar al Colegio Guadalupe de Lima, sólo ellos podían acceder a la educación secundaria y era suficiente para asumir cargos públicos y políticos en el país.

En la tercera generación a la que pertenezco, respecto a la generación de mi abuelo, es de fácil acceso para todos los niños y adolescentes peruanos, sin distinción. Pero, el acceso a la universidad era muy difícil para las clases populares, las universidades se encontraban mayormente en las capitales de departamento y principalmente en Lima.

Tuve suerte que en la década del 60 las universidades nacionales empezaban a descentralizarse creando filiales en las principales provincias del país, posteriormente estas filiales se convirtieron en universidades autónomas, desligándose de su sede universitaria de origen. Pertenezco a esa generación de peruanos de sectores C y D que apostaron por los estudios superiores.

En la cuarta generación, que pertenecen mis hijos y las nuevas generaciones, la educación básica está generalizada y la educación superior de igual manera. Existen en el país cien universidades con más de cien filiales o sedes descentralizadas que hacen posible la existencia de una universidad por lo menos en cada provincia, inclusive en la exageración, en algunos distritos. Porque con la Ley 882 de Inversión en educación, dos tercios de universidades son privadas y las que mayormente llegan a provincias.

Entonces, tenemos acceso a las universidades nacionales, que son gratuitas; y las privadas que dependiendo de su calidad fijan los costos de sus pensiones, también hay aquellas que no persiguen fines de lucro (?) y tienen pensiones económicas. La Educación superior se ha masificado y ya no es motivo de discriminación como antaño, sino el camino natural de la superación de las personas.

Si consideramos que la política es la disciplina encargada del arte de gobernar, debemos entender que quienes acceden al gobierno deben ser los mejores ciudadanos con cualidades que se asemejen a lo que en el mundo griego se concebía. Sabemos que en algunas polis se practicaba una democracia parcial y existían asambleas; siendo las raíces de la democracia, en donde según Platón, le corresponde al filósofo, ser el dirigente del Estado, porque es una tarea de quien posee el conocimiento del bien, o sea, el fundamento del principio que erige una sociedad humana y al cual ha de dirigirse todo existir humano.

Si bien es cierto que en la cultura romana se “garantiza la igualdad política entre patricios y plebeyos” no pasa de ser una norma con intención igualitaria, porque quienes tienen el poder económico y político se perpetúan en el gobierno de las naciones. Qué mejor evidencia, nuestra realidad política, en donde históricamente predominan el caudillismo, militarismo y escasos periodos democráticos, en su mayoría improvisados, con buenas intenciones y sentimientos nacionalistas, pero parece ser que no hemos aprendido del mundo griego en la esencia fundamental, la esencia del buen gobierno: Los filósofos, que en los tiempos modernos son los politólogos y los profesionales.

Reitero, tenemos una historia  republicana en donde la lucha por el poder y los intereses económicos han sido permanentes, carecemos de políticas nacionales de desarrollo a mediano y largo plazo, porque la clase gobernante que asume el poder imprime su forma de gobierno desconociendo el trabajo de su antecesor. No hemos avanzado mucho desde 1821, porque hemos terminando el siglo XX en una situación de crisis y caos social, salvados por la decisión histórica del ingeniero Alberto Fujimori, de ingresar a la modernidad económica, cuyos frutos son la pacificación y la estabilidad económica y social del país.

En mi percepción, la causa es la clase política improvisada, carente de conocimientos propios de la política, el derecho y las especialidades necesarias para ejercer con mayor certeza un mejor gobierno. Según los aportes de Esther Fragoso Fernández, Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México en su publicación de política y vida cotidiana, acertadamente  manifiesta:

En el siglo XIX con la democratización del Estado, la política adquiere nuevos significados brindando al Estado la tarea de proteger los derechos del hombre. Esta relación Estado sociedad se incrementará en el siglo XX naciendo el Estado del bienestar.

En la actualidad la política se ha acercado a los seres sociales, el hombre la concibe cada vez mas, como algo que le concierne, que le va conformando en cierto sentido y por lo tanto hay que sistematizarla, hay que investigarla, hay que crearla .

El hacer política se presenta como una formación de los ciudadanos para que ejecuten una participación consciente y activa en las decisiones del gobierno que inciden en la vida social e individual de los ciudadanos; actividad que el estado lleva a cabo a través de diferentes medios masivos para forjar mejores  relaciones sociales y la preservación o no de la política dominante; acción que la vida universitaria debe desarrollar.

Efectivamente, comparto esta opinión que sería el remedio para los males de nuestra sociedad por dos razones fundamentales:

La primera, significa que en nuestra clase gobernante ya no debe haber personas carentes del conocimiento del arte de gobernar, o no contar con alguna formación profesional, para desterrar hechos históricos anecdóticos como haber tenido cantantes folklóricos, vedette, oportunistas, anarquistas… peor aún, comepollos, robaclables, divas, lavapies… y qué decir de los faneones que aún siguen vigentes en nuestra clase gobernante… no responden a los nuevos tiempos de un gobierno honesto y transparente.

Para los nuevos políticos se tendrá que legislar de acuerdo a las exigencias del mundo moderno, si quieren postular a un cargo público, el camino será la universidad, para adquirir una profesión que incorpore el aspecto axiológico, alguna experiencia de vocación de servicio y una hoja de vida que refleje la calidad moral de la persona.

La segunda, la que considero fundamental para dar la prioridad a la educación en el país, es que todo peruano que desee participar en política, debe saber que tiene que estudiar, no por obligación, sino por ser una oportunidad liberadora que nos permite el desarrollo humano y contribuir al crecimiento del país, porque todo ciudadano educado contribuye enormemente con el país, genera riqueza a partir de sus capacidades profesionales.

Ellos no formarán parte de los programas asistencialistas, ellos no formarán parte de los desadaptados sociales que eligen la violencia, delincuencia, corrupción, por el afán de riqueza y poder. Porque la educación que brinde el nuevo Estado, gobernado por una nueva clase gobernante, contempla la formación integral del ciudadano en el aspecto cognitivo, afectivo, valorativo; y para que no sea una utopía, la educación pública deberá ser de calidad, porque así lo entenderá la nueva clase gobernante, y si la inversión privada continúa en el sector educación, deberá brindar servicios iguales o mejores a los que brinda el Estado.

Concluyendo, sugiero que los congresistas legislen sobre los requisitos mínimos que deben tener los ciudadanos que deseen incursionar en la vida política del país en los niveles de gobierno local, regional y nacional. Además de ello, los cargos de funcionarios de todas las dependencias del Estado deben ser sometidos a concurso público para que la meritocracia sea el auténtico estímulo de nuestra niñez, adolescencia, juventud, profesionales y población en general, lo que significa darle prioridad a la educación, porque, según la Comisión Delors, en el presente siglo la educación debe ser durante toda la vida.

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