domingo, 5 de agosto de 2012

V. DESARROLLO SOCIAL 01

1. VOX POPULI, VOX DEI

"No se debe ser demasiado severos con los errores del pueblo,
sino tratar de eliminarlos por la educación." Thomas Jefferson

Desde mi niñez y adolescencia aprendí que la voz de mis padres era la voz de Dios, ellos me legaron el mejor ejemplo de movilidad social y resiliencia, son los mejores modelos de respeto a mis mayores y la sociedad. ¿Qué tiene que ver con la voz del pueblo? Creo que tiene mucho que ver, porque he adquirido conocimiento para distinguir verdades circunstanciales, verdades relativas y falacias, y no creer en una verdad absoluta.

Una verdad circunstancial, puede ser por ejemplo, la decisión de mi padre, cuando enfermé gravemente a los siete años, para llevarme al hospital a curarme de una enfermedad, tenía miedo de morir, pero confiaba en Dios y en mi padre. Me llevaba a curar al hospital. Era una verdad circunstancial, porque por nuestra pobreza solamente podíamos acceder a un Hospital con mayor riesgo de morir y no a una clínica que tienen acceso los que tienen dinero y tienen más probabilidades de vivir. Hace años aprendí a creer que el asunto no era cosa solamente de Dios, sino un asunto económico.

Cuando se presentaron las elecciones presidenciales y congresales, en donde los peruanos tuvimos la oportunidad de escuchar a cinco principales candidatos que ofrecían incrementar los gastos en programas sociales, aumentar los sueldos a policías, maestros, médicos, enfermeros, militares; seguridad social y pensión para quienes no han hecho aportación alguna, construcción de carreteras, educación de calidad  y reducción de los impuestos. Entendí las incoherencias políticas y cómo la población acepta estas falacias como verdades de conveniencia. Pocos peruanos nos preguntamos ¿de dónde van a sacar el dinero para cumplir con sus promesas? El presupuesto nacional tiene que guardar equilibrio entre sus ingresos y gastos. Entonces, aprendí a no creer en lo absoluto de la Voz del pueblo, voz de Dios. Sino en el bajo nivel cultural de la mayoría de compatriotas que se ubican en los estratos sociales C, D, y E y que su decisión electoral obedece a emociones y frustraciones de su condición social.

Cuando adquirí nuevos conocimientos en mis estudios de postgrado, empecé a cuestionar las verdades académicas. Por ejemplo, mediante la lectura del Diagnóstico de la universidad peruana y descubrir que el país requiere del aporte de profesionales que han apostado por las ingenierías y tecnologías, creí que todas las profesiones humanistas eran cargas para el Estado y la sociedad. Era una verdad relativa porque estos profesionales, con el nivel cultural adquirido, han logrado una movilidad social y mejorado su condición económica y con mejores posibilidades de formar familia con responsabilidad y priorizar una educación de calidad para sus hijos, es decir, no necesitan formar colas en los programas sociales del Estado. Entonces aprendí, que el mundo globalizado requiere frenar la superpoblación y que los hijos numerosos de los más pobres, no vienen al mundo a padecer miserias porque Dios bendice a los pobres, sino por el bajo nivel cultural.

Cuando reviso la historia política del Perú, en donde se presentan caudillos militares que se levantan en los pueblos para derrocar a los presidentes democráticos, en nombre de los peruanos marginados y luego de una gestión desastrosa entregan el poder al nuevo presidente democrático; por intentar cambiar el modelo económico, creando empresas estatales ineficientes generadoras de pérdidas. Haciendo del Estado un ente burocrático, controlador y regulador de la inversión privada con la falacia de un nacionalismo que genera empleo y oportunidades (cargos públicos para sus partidarios); entonces, considero que son verdades relativas que obedecen a una emoción social y que las experiencias de nuestra historia no han sido aprendidas y volvemos a caer en los errores de una utopía socialista que en tiempos de la globalización son insostenibles.

Cuando se presentan incertidumbres sobre la política, la  economía y redistribución de la riqueza para acelerar la reducción de la pobreza y los conflictos sociales, entonces, la intención de cambiar el modelo económico como respuesta a la Vox populi vox Dei, lo considero un aforismo político, porque en la práctica no va ser posible el incremento de programas sociales, ya que no son formas de generar desarrollo, sino dependencia y asistencialismo y que el mismo pueblo iniciará una metamorfosis del apoyo al rechazo. Porque no se generarán oportunidades de empleo, ni mayores inversiones en los diversos sectores productivos.

Entonces, retomo las sabias palabras de Thomas Jefferson (tercer presidente de los Estados Unidos) "No se debe ser demasiado severos con los errores del pueblo, sino tratar de eliminarlos por la educación" significa que el verdadero desarrollo tiene sus cimientos en la educación, descartando la falacia de “una educación de calidad” sin incremento del presupuesto necesario (en promedio sólo el 3 % del PBI) del gobierno aprista que se va sin pena ni gloria, a pesar de los esfuerzos macroeconómicos que evidencian la reducción de la pobreza y su Nueva Carrera Pública Magisterial.

Muchas autoridades nacionales, regionales y locales saben de la importancia de la educación como alternativa del desarrollo humano, por las oportunidades que genera para formar peruanos emprendedores para responder a las necesidades del país, generando ciencia y tecnología que nos permita incursionar en la mega industria para abastecer al mundo, de acuerdo a nuestras potencialidades económicas. Pero, lamentablemente, a diferencia de Japón, Cuba, Corea, Finlandia… en nuestro país se ha priorizado la privatización de la Educación, con el consiguiente interés económico de la inversión privada en educación básica y universitaria generando desigualdad y formación profesional humanista que no responde a los intereses de desarrollo del país.

La verdadera revolución y camino al desarrollo, -siguiendo las experiencias de países emergentes como Corea, Finlandia, India- es apostando por la educación de calidad ligada a las tecnologías de la información y comunicación, los nuevos tiempos requieren de nuevas formas para obtener nuevos resultados. Nuestra educación no puede seguir como está, es un derecho humano que debe ser priorizado por nuestra clase gobernante y que se debe anteponer los intereses personales y de grupo por los intereses de la nación: un pueblo educado, emprendedor, progresista, creador de oportunidades en base a sus potencialidades adquiridas por una educación de calidad. Sólo entonces, podremos aceptar VOX POPULI, VOX DEI.

Finalmente, en la última decisión del pueblo peruano para elegir a nuestro Presidente de la República, se ha priorizado, en la elección, la propuesta del 6 % del PBI en favor de la educación y que en su Plan de Gobierno considera:

“La educación es fundamental para la viabilidad de nuestro país, necesitamos llevar a cabo una Revolución Educativa. Necesitamos completar la cobertura pendiente y elevar de manera drástica la calidad del servicio educativo que se brinda”.

“Un punto vital en la concreción de las políticas educativas es la prioridad presupuestal. Ella ha sido ya contemplada en el marco del Acuerdo Nacional (2002), donde se planteó que al sector Educación se le debe asignar el 6% del PBI en 2011, con incrementos anuales no menores de 0.25%” (Página 166 del Plan de gobierno de Gana Perú).

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